Desarrollo rural y agroecología

Introducción

El Plan Nacional de Desarrollo (PND) 1989-1994 establece que «…el objetivo fundamental del sector agrícola es aumentar la producción y la productividad. Para lograrlo es indispensable la modernización mediante la puesta en práctica de múltiples decisiones…», entre las que se encuentran: descentralizar facultades y recursos, concertar con gobiernos estatales y productores y ejercer una firme política que promueva la eficiencia productiva. Según el mismo, PND modernizar al campo implica que los campesinos autodeterminen su destino»…sin que las autoridades ejerzan tutelajes anacrónicos y nocivos…” La búsqueda de recursos implicará la asociación»…entre ejidatarios, pequeños propietarios y empresarios que, con apego a la ley, promuevan el flujo de capital, el trabajo de tierras y recursos ociosos; el uso de mejores técnicas y la obtención de mayores rendimientos”. Se asignan como metas del sector («política agrícola de mediano plazo») las mismas que ha tenido en tiempos pasados sólo que ahora son de «mediano plazo» aumentar el bienestar de los productores de bajos ingresos y promoverla oferta abundante de alimentos y materias primas para el resto de los sectores. Particularmente se dice que «…se buscará una mayor suficiencia alimentaria mediante acciones encaminadas prioritariamente a aumentar la producción de maíz, trigo, frijol, arroz, azúcar y semillas oleaginosas, así como de carne, leche y huevo. Por otra parte, se impulsarán los productos de exportación y todos aquellos en que se tengan ventajas comparativas que nos permitan fortalecer la balanza comercial agropecuaria».

En los renglones dedicados al tema de los Recursos Naturales, el. PND reconoce que existe un «…uso irracional…que ha puesto en peligro a muchos ecosistemas… Los bosques y las selvas no escapan al deterioro ambiental, pues anualmente se pierden grandes extensiones, ya sea por deforestación o por quemas naturales o provocadas. Las especies acuáticas también corren ese peligro por las prácticas de explotación inadecuadas, furtivas e ilegales y por la contaminación de las cuencas y litorales».

Este Plan también dedica espacio a los aspectos de deterioro ambiental en general, contaminación del agua, de aire, etcétera.

Y por último, para los fines de este análisis, el susodicho PND también se ocupa del llamado «problema demográfico”: crecimiento, movimientos migratorios, relación campo-ciudad. El problema radica en que lo que hasta ahora se ha entendido por «modernización» ha significado precisamente el incumplimiento de la mayoría de los objetivos y metas propuestos para el actual PND. El presente trabajo se propone analizar, desde una perspectiva agroecológica, el porqué de la contradicción.

 

Manejo Demográfico y Desarrollo Rural

Desde hace unas décadas, sobre todo a raíz de las publicaciones del Club de Roma, se ha considerado que el crecimiento demográfico es y ha sido la causa principal del atraso económico y la devastación ambiental. Esta tesis ha sido recogida al menos por los dos pasados sexenios y el que transcurre, de tal suerte que se ha procurado bajar la tasa de natalidad de la población mexicana y, por añadidura, abatir con éxito su crecimiento. Así, si para 1975 crecía a un ritmo del 3.3 por ciento anual, para las fechas actuales las cifras oficiales ya la ubican por abajo del 2 por ciento y se pretende llegar al año 2000 a un crecimiento del 1 por ciento anual.

Cito al PND: «En el campo hay escasa disponibilidad de tierras para una población en aumento que está emigrando en busca de trabajo. En el largo plazo la agricultura deberá ser capaz de asegurar ingresos crecientes a una proporción decreciente de la población…» (p. 72). Subyace en estos párrafos tres tesis que se consideran verdades:

1ª. Hay demasiada gente en el campo como para tener una agricultura productiva.

2ª. La agricultura no es la alternativa capaz de crear empleos productivos para la población creciente.

3ª. La industria es la solución.

Estas tesis son llamadas Mitos por Moore Lappé y Collins (1982) a quienes citaré para responder a esos supuestos del PND .

Mito uno: la agricultura en los países subdesarrollados está atrasada porque existe demasiada gente en el campo para que pueda encontrar en él trabajo productivo.

Si lo que entorpece la producción fuera realmente el exceso de trabajadores, los países con una agricultura más productiva deberían tener menos trabajadores por hectárea que los menos exitosos. Pero la realidad es otra: «Japón y Taiwán, dos países cuya agricultura se considera próspera, tienen dos veces más trabajadores agrícolas por hectárea que Filipinas y la India…»(p. 34). ‘Países que creemos fuertemente sobrepoblados, en los que suponemos que ya no es posible dar empleo a un solo campesino más, no tienen necesariamente una agricultura sobrepoblada. Cuando China intentó incrementar su producción mediante el aprovechamiento del potencial de mano de obra de que disponía, descubrió que era posible triplicar y hasta cuadruplicar el insumo de trabajo por hectárea en forma provechosa…

Como es obvio, una población rural abundante no es, como comúnmente se cree, una desventaja«. (p. 33)

Mito dos: puesto que la agricultura ya no puede absorber más gente, el excedente de las zonas rurales necesariamente debe dirigirse a las ciudades, donde es preciso crear nuevos empleos en la industria.

Este tipo de enfoque, precisamente, llevó a los planificadores del desarrollo a sugerir, en los años cincuenta y sesenta, que se desatendiera la agricultura y se promoviera la industrialización. ¿Cuál fue el resultado? Muchas inversiones de capital y un número notablemente bajo de nuevos empleos industriales.

El porcentaje de la fuerza de trabajo empleada en la industria manufacturera en los países subdesarrollados cayó de 8.5 a 7.6 por ciento entre 1990 y 1950. Este patrón es válido hasta en países que como Brasil, se consideran “milagros» de desarrollo industrial. En la India, entre 1950 y 1964, el gobierno incrementó en quince veces el capital invertido en manufacturas de gran escala. Sin embargo, durante el mismo período, el número de trabajadores de esas industrias sólo aumentó a algo más del doble. Las corporaciones extranjeras, con sus tecnologías ahorradoras de mano de obra, concebidas donde es cara, como en Estados Unidos, han agravado las crisis crónicas de empleo…

Mito tres: el crecimiento de la población es una amenaza terrible para las economías del Tercer Mundo, ya que exige aumentar el número de empleos cuando al menos del 15 al 30 por ciento se encuentra ya sin trabajo y muchos de los que se consideran empleados están de hecho subempleados. Como resultado, está en aumento constante el número de marginados, medios muertos de hambre, que viven fuera de la economía.

La gente no nace «marginada». La «marginación» no es producto de la inevitable inundación de una base limitada de tierra o de la capacidad fija de trabajadores que puede absorber una economía. Otros factores determinan que una parte de la población parezca marginal o superflua ante los demás.

En Inglaterra en el siglo XVI y en Escocia en el XIX, un cambio en el esquema de uso de la tierra condujo directamente a una situación en que parecía existir “demasiada gente». La aristocracia terrateniente decidió dedicarse a la cría de ovejas por considerarla más lucrativa que la agricultura, como las ovejas necesitan grandes extensiones de tierra pero pocos pastores, cercó la tierra y despidió a miles de campesinos… La sobrepoblación existía, pero sólo en relación con una economía agrícola basada en la cría de ovejas. La población total de Inglaterra en el siglo XVI era menor a la de cualquier ciudad inglesa de la actualidad.

Del mismo modo, las potencias coloniales crearon este tipo de «marginación» al constreñir los sistemas agrícolas altamente diversificados a un régimen de cultivo único, a los monocultivos que permitían la máxima ganancia en los mercados externos… La transformación que está sufriendo la agricultura en la mayor parte de los países subdesarrollados hace que la gente parezca “marginada»… (p. 37).

La aplicabilidad de estas explicaciones a la situación de México es total e incuestionable.

Sólo que en nuestro país las ovejas son sustituidas por el ganado vacuno. La Ley de la Reforma Agraria es el ordenamiento que ha permitido el acaparamiento de tierra en unas cuantas manos, al definir la “pequeña propiedad ganadera “en función…de lo que necesiten 500 cabezas de ganado mayor…», mientras que la pequeña propiedad agrícola, generalmente detentada por gente de ascendencia campesina e indígena, se define en hectáreas en función de la humedad. No es de extrañar, entonces, que en las zonas áridas una pequeña propiedad ganadera rebase legalmente las 25 mil hectáreas, ni que en Tabasco el 66 por ciento de las tierras agrícolas (o potencialmente agrícolas) estén en manos de cerca del 6 por ciento de la población económicamente activa (comunicación personal del Dr. Raymundo Chavira).

Retomo a Moore Lappé y Collins (1982):

«Se nos ha hecho pensar que la gente es una desventaja económica, cuando la verdad es que toda la riqueza de un país empieza con la gente, con el trabajo humano. El éxito económico de una nación no depende tanto de su riqueza en recursos naturales, como de su efectividad para motivar a la población y utilizar su trabajo. La gente aparece como una desventaja sólo en cierto tipo de sistema: aquel en el que el éxito económico no se mide por el bienestar de toda la población, si no uno en cual unos cuantos monopolizan cada vez más la producción, en el que la tecnología se usa para excluir a la gente del proceso productivo y para aumentar al máximo la ganancia del terrateniente sobre cada trabajador. La gente no nace marginada». (p. 38, 39)

Cito nuevamente al PND:

“El objetivo principal de la política de población es impulsar la reducción de la tasa de crecimiento demográfico, alentando a la disminución de la fecundidad al mismo tiempo que se lucha contra la mortalidad infantil…» (p. 108)

 

El Ambiente Físico y la Agricultura

México, dada su particular posición latitudinal, su intensa variación topográfica y su relación con los dos mayores océanos del mundo, posee una diversidad climatológica y edafológica muy altas, cubriendo casi toda la variedad mundial existente en estos aspectos. El estudio de los perfiles de los suelos mostrará que en los climas templados la capa orgánica (u horizonte A) tiende a ser relativamente grande y profunda, en tanto que en las regiones selváticas suele ser delgada. Por ello, si en los climas templados se puede arar (cosa acostumbrada, pero no necesariamente buena) en los tropicales resulta torpe porque así se aceleran los procesos de lavado e intemperización de los nutrimentos. Aun sin labrar el suelo, en el trópico cálido-húmedo los cultivos no pueden sostenerse por más de dos años en un mismo sitio, de ahí que, desde miles de años atrás, la agricultura de estas zonas es «itinerante» o «migratoria». Por lo anterior, si se insiste en trasplantar la tecnología agrícola de zonas templadas en las zonas cálido-húmedas, los resultados seguirán siendo contraproducentes.

Otra cosa que apoya la idea de encontrar una tecnología más adecuada, reposa en los estudios recientes que revalidan las tecnologías autóctonas; así, en la Chontalpa, la siembra indígena de maíz sobre la vegetación pantanosa del «popal», en una variante de la roza y quema, permite obtener cerca de 8 toneladas del grano por hectárea mientras que en los terrenos drenados por el Plan Chontalpa, con la aplicación de todo el paquete tecnológico «moderno» apenas se levantan de 2 a 3 toneladas por hectárea. Entonces, la tecnología agrícola tradicional de las zonas cálido-húmedas no puede desecharse a priori por el sólo hecho de no ser “moderna». Es necesario rescatarla, evaluarla y, cuando sea adecuado, promoverla.

Otra cosa que con frecuencia desconcierta a quienes de cierto modo están ligados al campo es el hecho de que el maíz, aunque originario de México, se produce más en latitudes elevadas (en los «cinturones maiceros» del mundo). En algún momento se supuso que tales producciones mayores se debían al paquete tecnológico, y por ello se le importó; pero al aplicarlo íntegramente no hubo la respuesta deseada. La explicación está en el particular proceso de fotosíntesis del maíz y otras gramíneas, que hace que a mayor iluminación exista mayor productividad; tal cosa se obtiene en latitudes elevadas (40°) durante el verano exclusivamente (el eje de inclinación de la Tierra y el movimiento de traslación hacen que durante, el verano, la iluminación sea mayor en estas latitudes que en el trópico). Insistir en la importación del paquete tecnológico no incrementará la producción ni la productividad del maíz; lo conveniente será impulsar la investigación y difusión de sistemas autóctonos, varios ciclos de cultivo en lugar de uno solo (hecho obligado en latitudes mayores), de tal manera que se aproveche la mayor radiación total anual del trópico y se logre entonces la mayor producción deseada.

 

El Manejo de la Diversidad Biológica

Aparejada a la alta diversidad climática y edifica del país encontramos una alta riqueza de especies vegetales y animales. Esta estrategia natural es seguida por los sistemas agrícolas tradicionales, ya sea en lo referente a cultivos anuales (cultivos asociados), la cría animal (hatos mixtos), la producción de frutales junto con medicinales y ornamentales en solares (huertos familiares) y el manejo de ecosistemas naturales (caza, pesca, recolección). Por el contrario, la diversidad ecológica constituye un obstáculo para los sistemas agrícolas «modernos»; el monocultivo en tiempo y espacio es lo adecuado según dicha tecnología. El choque con la estrategia natural implica gastos fuertes para controlar «malezas», insectos y enfermedades que se disparan en números y frecuencia, como secuela de esta tecnología. Por otro lado los monocultivos reducen la capacidad de respuestas de la agricultura ante lo impredecible del clima. Con los monocultivos se obtienen las máximas producciones de cada especie cultivada, mismas que suelen rebasar la capacidad de consumo propio, local, regional y a veces nacional (piénsese por ejemplo en el café de Brasil), donde la cosecha de un año no alcanzaría a ser consumida por su población en varios años);esto solo beneficia a la industria y a los especuladores, porque lo real es que el productor sigue demandando todos los productos naturales otorgados por la estrategia policultural, por la estrategia de la naturaleza.

Los monocultivos son considerados, cada vez con mayor frecuencia, como poco adecuados entre los agrónomos ligados a la academia; crean plagas y enfermedades (que son más fácilmente combatidas en los policultivos), crean inestabilidad económica al productor (se necesita tener mucho dinero para resistir las bajas en los precios de los productos) y, quizá lo más importante, producen menos en términos globales. Esto ya ha sido entendido por los agricultores y agrónomos de los países desarrollados, algunos académicos mexicanos ya lo han hecho notar desde varias décadas atrás. Sin embargo, en el medio gubernamental no existe esa claridad y se sigue bloqueando a los sistemas policulturales en favor de los monoculturales; no hay crédito, seguro ni asistencia técnica para aquéllos.

Toda vez que la tecnología importada tiende a la baja diversidad en el manejo de los recursos, no resulta fácil entender cómo los «cambios de hábitat» son considerados por organismos internacionales como las principales causas de exterminio de la fauna y flora silvestres. Más aún, en la formación clásica de los profesionales del campo no se contempla que el Agrónomo Zootecnista y el Médico Veterinario sólo manejan entre cuatro y cinco especies animales introducida por los españoles (vacas, borregos, cabras, cerdos), propias de otros ecosistemas naturales. Luego, para expandir a las especies domesticadas se hace necesario destruir selvas, bosques, matorrales, pantanos (como en el Sureste, el Sur y la Planicie Costera del Golfo). Hoy en día, existen suficientes evidencias a nivel internacional que demuestran que la productividad de la vida silvestre puede superar hasta en 15 veces la obtenida por la ganadería doméstica convencional (caso de las sabanas africanas). Nacionalmente, en la península de Yucatán encontramos que una explotación de ganado bovino (particularmente en Quintana Roo) apenas alcanza una carga de 0.5 a 0.6 unidades animal (cada vaca de 450 kg es una Unidad Animal) por hectárea sobre los pastizales que substituyen a la selva; cerca(en el sur de Yucatán) visitamos un centro de cría de venados que llega a 25 animales por hectárea, lo que traducido a «unidades animal» (vaca de 455 kg) pudiera significar entre 3 y 4 U. A. por hectárea sin destruir los otros recursos selváticos, cosa que amplía las posibilidades de uso eficiente y productivo. El manejo de estas selvas en particular, ha estado presente a lo largo de toda la historia de la cultura maya.

 

El Análisis Energético de la Agricultura

La energía resulta un parámetro adecuado para entender tanto los procesos biológicos en general como los ecológicos en particular, y, con algunas reservas, los procesos económicos. El interés de este enfoque data de la década de los setenta, cuando se da una «crisis» petrolera a nivel mundial; en ese entonces se encuentra que la agricultura norteamericana resulta sumamente dependiente del petróleo y sus derivados, toda vez que demanda grandes cantidades de fertilizantes, maquinaria, pesticidas, combustibles, refrigeración, etcétera. De los 40’s a los 70’s  se incrementó el consumo energético en el sector agrícola, y si bien la producción se elevó, la eficiencia bajó; para 1945 la eficiencia energética era de 3.38 y para 1970 era de 2.82;en otras palabras, en 1945 un agricultor invertía una kilo-caloría (en trabajo e insumo) y recibía 3.38 kilocalorías en forma de alimento (maíz, en concreto), mientras que en 1970 por cada kilocaloría invertida se obtenía 2.82 en forma de grano (en el caso de las hortalizas, la elección está generalmente abajo de 1). Ahora, en algunas regiones de México la eficiencia en la producción de maíz con un método tradicional es de 3.38 y puede ser hasta de 20.2 bajo el injustamente tratado sistema de roza-tumba-quema. En el Zaire, la yuca bajo r-t-q puede dar hasta 37.7.

Así entonces, a más de cuidar altas producciones se debe vigilar la eficiencia bajo la cual se obtienen; esto es bien importante toda vez que el petróleo no será eterno, se trata de un recurso no renovable.

 

Calidad de Vida. Relación Ciudad (industria)-Campo (agricultura) y Deterioro Ambiental.

 Podría pensarse que es efectiva la tesis de que las condiciones de vida en la zona urbana, tal y como la concebimos occidentalmente, son superiores a las de la zona rural, puesto que es posible atender mejor la demanda de servicios de salud, educativos, de esparcimiento, de vivienda y de seguridad, incluyendo el desempeño de un trabajo más satisfactorio; en pocas palabras: existe una mejor manera de vivir. Corroboramos que, efectivamente, hay una fuerte tendencia a la urbanización, así la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (ZMCM) representaba en 1960 el 8 por ciento de la población total nacional (34 millones 981 mil habitantes), para 1970 ya significaba el 15 por ciento de los 48 millones 232 mil mexicanos, en 1980 era el 21 por ciento del total nacional (66 millones 398 mil habitantes que tendrá el país (Hernández y Calderón, 1987). Más que crecimiento propio, la ZMCM (al igual que de ciudades como Monterrey y Guadalajara) se nutre de una fuerte inmigración rural: en 1977 el 42.7% de la población era no nativa de dicha zona (Expansión, 1977).Toda esa población se asienta en apenas el 0.1 por ciento del territorio nacional (Chargoy, 1984).

No obstante, existe suficiente información que pone en duda la pretendida superioridad; para 1977 se estimaba en 35 por ciento la población que se consideraba marginada en dicha zona cerca del 50 por ciento de las viviendas se habitaban en condiciones de hacinamiento, el 70 por ciento no era capaz de pagar su vivienda, la visibilidad se había reducido en 5 años de 12 a 2 Km. debido a la contaminación atmosférica, el ruido tolerable de 80 decibeles era superado hasta llegar a los 90 (recuérdese que la escala es logarítmica),el 65 por ciento de la población total padecía desempleo y subempleo y que había un total de 220 delitos por día, o aproximada-mente uno por cada 6 minutos(Expansión,1977). Sobre este particular, y por razones atribuibles a la crisis económica actual,  se dice que de 1976 a 1986 el robo subió en un 225 por ciento en tanto que la población subió apenas un 40 por ciento en el mismo período (La Jornada, 24 de Agosto de 1987, con datos de la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal y el Consejo Nacional de Población).

Si la calidad de vida superior está cuestionada, ¿entonces por qué sigue la tendencia a la aglomeración? La causa, desde nuestro punto de vista está en razonamientos de corte, económico. Así, Stavenhagen (1976) considera que la consolidación del colonialismo y el capitalismo en los países subdesarrollados puso en marcha ciertos procesos de cambio social que aceleraron la desintegración de las estructuras, tradicionales; dichos procesos son:

  1. la introducción de una economía monetaria,
  2. la introducción de la propiedad privada de la tierra y el monocultivo comercial,
  3. migraciones de trabajadores y éxodo rural,
  4. la urbanización y
  5. la integración nacional de los países subdesarrollados.

Como veremos, con ciertas variantes, esto es aplicable al proceso, de desarrollo de la ZMCM.

Desde los períodos presidenciales de Ávila Camacho y Miguel Alemán se juzgó necesario que el país saltase a la “era moderna”, para ello, y en vista de que se consideraba que país desarrollado era sinónimo de país industrializado, se hicieron concesiones generosas al capital industrial foráneo a fin de que pudiera desarrollarse ampliamente. Esta industrialización (particularmente la automotriz y la electrónica) no tenían un antecedente nacional inmediato. Sin embargo, la producción generada no quedaba garantizada por la eficiencia: muchos de sus productos eran menospreciados debido a su alto costo y baja calidad respecto a los existentes (incluso de la misma marca) en el país metrópoli. Se requirió en consecuencia de un mercado cautivo y abundante, a más de mano de obra barata. Estas dos demandas se pudieron cubrir impulsando la urbanización principalmente a costa del sector rural: al campo mexicano se le asignó el papel de producir alimentos baratos, vale decir que la responsabilidad se dejó especialmente en el sector menos capitalizado y con las tierras menos favorables (las de temporal) (Esteva, 1984). Pero no sólo esto aportó el campo: la misma asignación (alimentos baratos) hizo que la gente tuviera que migrar a la ciudad donde encontraría a mejor precio el maíz que ordinariamente cosechaba: por cerca de 20 años los precios de «garantía» para maíz se mantuvieron constantes en términos reales e inclusive bajaron, en tanto que los de cultivos dedicados a la exportación o al consumo animal subieron cerca de seis veces en ese período comprendido de1955 a 1976 (Aburto, 1979). Esta migración trajo otra consecuencia benéfica a dicha industria: el abaratamiento de la mano de obra industrial calificada. En breve, las metrópolis sólo convienen al capital industrial y comercial pues con ello aseguran mercado y mano de obra barata.

La excesiva concentración humana, industrial, comercial y financiera en un sitio relativamente pequeño demanda otros recursos vitales: así, la ZMCM consumía el 62 por ciento de los productos petrolíferos dedicados al abasto nacional en el año de 1975 (Chargoy, 1984); este hecho recuerda que EE. UU. con apenas el 5 por ciento de la población mundial consume el 33 por ciento de la producción mundial del petróleo y el 35 por ciento de la de minerales (Miller, 1979). De igual manera se demanda agua en gran cantidad, de la cual se despoja a grupos humanos y regiones periféricas: piénsese, por ejemplo, en el agua que se traslada por cientos de kilómetros, se bombea a cientos de metros por la diferencia de niveles y al llegar a México cerca del 45 por ciento se pierde en fugas de tuberías y tomas domésticas(Expansión,1977); la que llega a la industria la usa brevemente y la desecha y en el caso doméstico se contamina con el lavado, y, lo más ridículo, 20 a 30 litros de agua originalmente limpia se tiran por los retretes para acompañar unos cuantos gramos de heces fecales. Conviene reflexionar si esto es «sanitario»(visto que inteligente no lo es), porque luego sigue la cadena de aberraciones con el eslabón «drenaje», aunado al de la industria aunque no por su efectividad. Así, la llamada “provincia” (su gente y sus actividades) se ve despojada de sus recursos y es obligada receptora de los desechos generados en las ciudades. Todos los ríos mexicanos parecen condenados a transformarse en canales de aguas negras. No se puede considerar que ésto sea benéfico para el país.

Nuevamente: la concentración absurda de gente, actividades y recursos es la causa central de la problemática ambiental de la ZMCM; a ella contribuye el poco inteligente empleo de algunos de dichos recursos. Por ello, las soluciones técnicas que se propongan deben ser consideradas como meros paliativos, en tanto no se ataque una de las causas centrales y que cae en la órbita de lo socioeconómico. En consecuencia, es válida la tesis sostenida por Rhotman (1980) «…la contaminación es una función del modo de producción de nuestra sociedad, la forma históricamente condicionada en que la sociedad se procura los requisitos vitales. La contaminación es un problema económico y social que adopta la apariencia de un problema técnico.»

 

La Destrucción de los Recursos Bióticos

Se ha estimado en 500 millones el número de especies que han existido sobre la Tierra desde que empezó la vida en ella. De éstas solamente dos millones la habitan hoy en día. Es decir, que el 99.5 por ciento de las especies se ha extinguido (Ziswiller, 1967, citado por Miller, 1979). Se dice que aunque la extinción es un proceso natural ligado a la evolución, idea clara desde Charles Darwin, tal proceso se ha acelerado por la intervención del hombre a través de varias actividades.

La exterminación biológica tiene varias fases: una especie puede ser regionalmente exterminada, porque se reduce su ámbito de distribución; posteriormente puede ser ecológicamente exterminada y, en este caso, su tamaño poblacional es tan reducido que no tiene un impacto significativo en su hábitat. Finalmente, y de no protegérsele, se convertirá en una especie biológicamente exterminada; las causas de exterminación son, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (Citada por Miller, 1979): perturbación y eliminación de hábitats (30 por ciento), cacería comercial (27 por ciento), introducción de especies (16 por ciento), cacería deportiva (12 por ciento), venenos y control de depredadores (6 por ciento), cacería por alimento (6 por ciento), colecta de especímenes para investigación médica y para zoológicos (5 por ciento), y por polución y otras causas (3 por ciento).

A nivel nacional e internacional los cambios de hábitat no son la principal causa de exterminación de la flora y la fauna nativas; estos cambios son casi en su totalidad, hablando sobre bases términos fehacientes, antropogénicos, y más concretamente dados por la expansión de la agricultura y la ganadería «modernas». Refiriéndonos a la ganadería, ya sabemos que está fundamentalmente constituida en los ecosistemas naturales del país: vacas, borregos, cabras, bajo sistemas monoculturales que requieren les sea acondicionado un hábitat similar al de su origen. Esto se logra destruyendo los sistemas naturales; el crecimiento de la ganadería doméstica necesariamente implica una reducción de los ecosistemas naturales. Así el crecimiento de la ganadería doméstica necesariamente implica una reducción de los ecosistemas naturales. Por ejemplo, De Alba (1976) expone lo siguiente: «…la substitución de la selva por pastizales artificiales de Guinea (Panicum máximum, Pangola (Digitalia decumbens) y áreas menores de Alemán (Echinocloa polystachia) en lugares más húmedos o inundables, así como por el Pará, (Brachiaria mutica) permiten ambicionar una ganadería más productiva para el futuro». Según la Comisión Técnica Consultiva para la Determinación Regional de los Coeficientes de Agostadero (COTECOCA, 1972; citada en IMERNAR, 1975)»…solamente para el tipo de vegetación de selva alta perennifolia, reporta en el estado de Chiapas más de 3 millones de hectáreas»…como áreas susceptibles de ser utilizadas por la ganadería, siempre que se les convierta en pastos.

En México el período comprendido entre 1940 a 1965 se le conoce con el nombre de «la edad de oro de la agricultura mexicana”; el factor más importante, según Paul Lamartine Yates (1978), fue la expansión del área dedicada tanto a cultivos como a la cría de ganado.

Conviene hacer la siguiente aclaración: aunque efectivamente tanto la agricultura tradicional de roza-tumba-quema como la agricultura moderna inducen el cambio del sistema natural, el primer tipo permite la regeneración de vegetación nativa, no así la segunda. La vegetación secundaria conforma el hábitat para algunas especies animales de importancia para el hombre especialmente el de culturas autóctonas. Así por ejemplo, el venado prospera en Yucatán sobre la vegetación estimulada por la actividad agrícola de los antiguos mayas (Leopold, 1965). En este tipo de vegetación se promueve la formación de nuevas especies o subespecies vegetales (Gómez Pompa et. al, 1976).La roza-tumba-quema sin embargo, como sistema viable se colapsa con altas densidades humanas; al menos eso explica la desaparición de la cultura maya según algunos autores (Yates, 1978).

La agricultura moderna pues, y más en concreto la ganadería de animales domésticos, contempla como necesario el uso permanente de un mismo terreno. La fertilidad del suelo se recupera en este caso mediante el uso de fertilizantes, mejoradores, barbechos, etcétera. Este es el sistema agrícola que se expande más en la actualidad, pues es el que produce mercancías que entran al juego de la comercialización, con altas producciones que pueden implicar altas ganancias. Solamente así se pueden pagar las costosas inversiones requeridas por tales sistemas agrícolas, como ejemplo de esto último podemos citar a los Distritos de Riego, donde no se siembra maíz, pues no es rentable. La gente que requiere maíz se ve expulsada entonces y también por fenómenos de despojo hacia las zonas montañosas donde tiene que practicar el sistema R-T-Q con resultados no muy satisfactorios (caso de los Valles Centrales de Oaxaca).

El desarrollo de los sistemas agrícolas y ganaderos «modernos» obedece en nuestro país a un marco de producción y expansión capitalista, iniciada en México por los Conquistadores y reforzada por los países neocolonialistas e imperialistas de la actualidad. Según lo refiere Stavenhagen (1976) los países capitalistas desarrollados se expanden merced a sus conquistas de países subdesarrollados, invasión de mercados -consumidores y aportadores de materia prima y mano de obra baratas-. Para realizar dichas conquistas se promueve la economía monetaria, mediante la creación de impuestos, el desarrollo del trabajo asalariado y la ampliación de intercambios comerciales monetarios; asimismo, la propiedad privada de la tierra y el monocultivo comercial, ahora necesarios para tener un producto «comercializable» mediante dinero. Además, se desarrollan otros procesos: migraciones de trabajadores y éxodo rural, urbanización, industrialización e integración nacional de los países subdesarrollados conforme a los intereses de los desarrollados. Con la llegada de los españoles al país, además de los cambios sociológicos – en el México

Central existía una población de 25 millones para 1519, y de esta fecha a 1607 hubo un despoblamiento de un 95 por ciento- (Borah, Cook y Simpson, citados por Semo, 1973) y se registraron severos cambios ambientales por los sistemas agrícolas que introdujo el conquistador. El trigo se tuvo que sembrar en las laderas, dada la imposibilidad de su cultivo en las chinampas de la Cuenca de México. Esto significó el avance sobre tierras boscosas; la ganadería también se desarrolló a costa del maíz cultivado por los indígenas: «Los hatos vacunos doblaban de número a cada 15 meses». «El Valle de Toluca se inició en la ganadería alrededor de 1538; veinte años más tarde contaba con cerca de ciento cincuenta mil vacas y caballos» (Semo, 1973).Esto, necesariamente implicó la expansión de las tierras de cultivo para maíz por la usurpación de tierras que hizo el español con sus sistemas productivos exóticos. Además, mientras los indígenas dedicaban los terrenos planos a las actividades agrícolas, los conquistadores también las dedicaron a los asentamientos humanos. Consecuentemente, al verse despojados de sus tierras de cultivo, los indígenas tuvieron que emigrar a las montañas con todo el desequilibrio que ello implicó, y como en este caso vemos, sobre la existencia de la fauna silvestre.

Mientras que las economías autóctonas se basan en el aprovechamiento de los recursos naturales, procurando su autosuficiencia, la economía capitalista promueve el uso de ciertos recursos, introducidos, sobretodo semillas, herbicidas, etcétera, aun a costa de otros y procura la insuficiencia de las sociedades que le sirven -caso actual de los alimentos-. El aprovechamiento de los recursos naturales, bajo manejo que así lo permitan, implica la conservación de ellos mismos.

Los sistemas tradicionales son policulturales, es decir de alta diversidad. En cambio, los sistemas capitalistas de uso de la tierra son esencialmente monoculturales, esto es, de baja diversidad, para así tener en un ambiente dado una mayor población total de la especie cultivada. Estas diferencias en diversidad también implican una mayor habilidad de los sistemas tradicionales para la conservación de recursos, no así en los sistemas monoculturales comerciales. Refiriéndose a esto, Odum (1972) señala que los sistemas monoculturales son esencialmente inestables a las eventualidades climáticas y bióticas; nosotros agregaríamos: «y de mercado».

Toledo  et al. (1978) asientan lo siguiente: «el axioma de que la  técnica no existe al margen de la economía debe traducirse así: toda estrategia tecnológica o tecno-ambiental de utilización de un cierto ecosistema corresponde siempre a un modo de producción». Más adelante los mismos autores señalan que: en una economía basada en la producción de mercancías de ganancia y acumulación, los ricos ecosistemas selváticos (de las regiones tropicales) constituyen más bien obstáculos y no recursos a explotar dadas sus peculiares características. Los recursos diversos en un mismo ecosistema como el selvático, se presentan al capitalismo como una enorme gama de recursos aislados dispersos y poco abundantes que dificultan la producción.

 

Conclusiones y Recomendaciones

  1. El incremento demográfico no es un problema, no es un fenómeno al que deban atribuirse la pobreza o destrucción de los recursos nacionales. En consecuencia la reducción del crecimiento demográfico no garantizará mejoras en la calidad de vida de la población.
  2. El deterioro ambiental no tiene exclusivamente respuestas técnicas y ecológicas; las soluciones tecnológicas constituyen paliativos a la problemática ambiental en tanto no incidan sobre las causas económicas que la provocan. 
  3. El desarrollo urbano contemporáneo no obedece a necesidades propias de la mayor parte de la población, más bien a los requerimientos de la industria y el comercio que demandan mano de obra barata y mercado grande y cautivo. 
  4. El gigantismo urbano, la concentración de actividades económicas, implican la demanda de recursos (agua, energéticos, alimentos, etcétera) en cantidades crecientes y en distancias cada vez mayores. El uso y el mal uso de tales recursos generan la contaminación ambiental, cuyos efectos rebasan los límites geográficos de las zonas urbanas y contaminan la provincia de la cual obtienen sus recursos. 
  5. La tendencia a promover los monocultivos altamente subsidiados y dependientes no constituyen la mejor estrategia para la agricultura nacional. 
  6. Es necesario considerar que nuestro país tiene una alta diversidad en climas, suelos y formas de vida vegetal y animal, así como una gran riqueza cultural lo que debiera ser manejado para satisfacer la demanda nacional de alimentos y materias primas. 
  7. Es necesario evaluar alternativas agrotecnológicas que no dependan del petróleo en alto grado. 
  8. Para ampliar las expectativas de producción pecuaria es necesario incluir a la fauna silvestre como alternativa de uso. 
  9. La evaluación de formas agrícolas alternativas requiere del apoyo gubernamental a los centros de enseñanza e investigación. 
  10. El país tiene en su historia agrícola oportunidades y estrategias para diseñar su propio modelo agrícola moderno. En tanto, es necesario que se promuevan cambios en la legislación para apoyar a los sistemas agrícolas de tradición indígena. 
  11. La productividad agrícola no cambiará por sí sola, la crisis del sector; los arreglos, las re-adecuaciones tecnológicas serán insuficientes si no se cambia la estrategia de privilegiar a la industria de patente trasnacional a costa del sector agrícola, el actual productor de alimentos forzosamente baratos y de mano de obra que migra a las ciudades y así se integra el mercado de consumidores en gran escala.

 

 

 Referencias

Moore Lappé, Frances y Joseph Collins. 1982. Comer es primero. Más allá del mito de la escasez. Siglo XXI. México.

Odum, E. P. 1972. Ecología. Interamericana. México

Romanini, Claudio; Anne BergeretSolange PassarisCentro de Ecodesarrollo. 1981. Ecotécnicas para el trópico húmedo: con especial referencia a México y América Latina. Centro de Ecodesarrollo, México.

Semo, Enrique. 1973. Historia del capitalismo en México. Los orígenes 1521/1763. ERA. México.

Stavenhagen, Rodolfo. 1976. Las clases sociales en las sociedades agrarias. Ed. Siglo XXI. México

Toledo, V.M. ; J. Caballero, A. Argueta, et al. 1978. El uso múltiple de la selva basado en el conocimiento tradicional. Biótica 3:85-101.

 

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Biblioteca digital de la UAM-Xochimilco

Desarrollo rural y agroecología

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