Celestino I. Chargoy Zamora
Profesor Investigador
Universidad A. Chapingo
INTRODUCCIÓN
El sólo escuchar el concepto de “ordenamiento ecológico” nos sugiere algo bueno, algo positivo, digno de hacerse en estos tiempos de crisis económica y crisis ambiental. Se siente como algo prometedor de alivio, aunque suene lejano en el tiempo. Sin embargo, “¿nunca hubo antes “ordenamiento ecológico” alguno?” Cuando menos en los doce últimos años pareciera que si; o al menos en lo declarativo, el contexto “ecológico” ya se había hecho manifiesto. Entonces, ¿dónde el alivio?, ¿dónde las ventajas de añadir la preocupación ambiental al quehacer nacional?
Ahora, por muy “ordenamiento” que sea, por muy “ecológico” que se invoque, si la acción parte de bases falsas, el resultado será también falso y contraproducente.
Desde mi punto de vista el tal ordenamiento ha fracasado por que no atiende los antecedentes culturales que le supraordenan, en el entendido de que la cultura es como entiende la sociedad el universo que le rodea o la suma de manifestaciones de interrelación de un individuo o un pueblo o una sociedad ante su ambiente.
Con lo anterior, se pretende:
1° Llamar la atención hacia la estrecha vinculación de la crisis ambiental y visión cultural.
2° Sugerir medidas que corrijan las distorsiones culturales que impiden un efectivo Ordenamiento Ecológico.
EL ORDEN DE LOS ASENTAMIENTOS HUMANOS
SITIOS
Es cuestión de ver pueblos viejos, de tiempos prehispánicos, aquellos que se fundaron antes de la Conquista y compararlos con los que se fundan después de la Conquista hasta nuestros días. Veremos que los pueblos indios por lo regular se asientan sobre las faldas de los cerros y no sobre los valles, principalmente por que las tierras agrícolas de tales pueblos se ubicaban (aún se ubican) precisamente en los valles, donde los suelos suelen ser más profundos, con mayor disponibilidad de agua, en fin más adecuados para el desarrollo de la agricultura. A la llegada de los Conquistadores, precisamente esas tierras agrícolas se declararon “baldías”, dando pie al despojo de ellas y la fundación consecuente de las ciudades y villas donde se asentaron luego los poderes políticos del todo el territorio. Tal es la estrategia actual de ubicación de las zonas urbanas: las tierras agrícolas desaparecen día a día, a pesar de ser México un país relativamente escaso en ellas (aproximadamente el 8 % del territorio nacional). Así por ejemplo, en el valle de México, mediante un “ordenamiento ecológico” la cota de 2500 m.s.n.m. sirve para delimitar un área de “protección ecológica”, por arriba de la cual no puede haber asentamientos humanos. Con ello todos los terrenos agrícolas desaparecen a tasas elevadísimas, comprometiendo aún más la producción de satisfactores para la misma población que las destruye.
MATERIALES PARA LA VIVIENDA.
Un poco en broma, comentamos con algunos amigos que los criterios de construcción bajo los cuales se forman los planificadores del desarrollo urbano caen dentro del “Síndrome de los tres cochinitos”, optando siempre por el del tercero de ellos, el que usó concreto como material base de su vivienda. La idea de seguridad se asocia a la dureza del concreto. Así las cosas, siempre que se construyen viviendas, bajo cualquier condición social y ambiental, se construyen con concreto. Sin embargo, dada la característica que posee este material de ser excelente conductor de calor resulta inapropiado en regiones muy frías (donde se ha de equipar la habitación con calefacción) y pésimo en las cálidas, sobre todo cuando se asocia al vidrio como elemento de construcción, forzando entonces al equipamiento con refrigeración y el subsecuente gasto energético elevado.
La pretendida seguridad que se asocia con este material es constantemente cuestionada por la naturaleza y sus fenómenos. Los más recientes corresponden a los sismos del 19 de septiembre de l985 en la Ciudad de México y el paso de los huracanes Gilberto (1988) y Roxana (1995) en el Caribe mexicano. Resulta curioso ver la respuesta de las casas techadas con palma: no oponen resistencia total ante las ranchas de fuertes vientos, cosa contraria con las casas convencionalmente consideradas como buenas: resisten, pero si falla una columna o una pared, el techo se suele desplomar con las consecuencias fatales previsibles. La ciudad de Cancún recuerda situaciones como esas.
Ahora, el uso de productos naturales (como la tierra sin cocer, la madera y la piedra) a más de ser más asequibles y económicos, tienden a ser más durables (cosa comprobable en las zonas arqueológicas prehispánicas), desde un punto de vista ecológico, son inagotables en tanto se reciclan más fácilmente y, en el caso de los materiales vegetales, provienen de un proceso constante y posiblemente eterno: la fotosíntesis. El empleo de estos materiales, finalmente no está reñido con la comodidad o la elegancia.
AGUA Y CULTURA
Por regla general, siempre que se habla de contaminación se suele hacer en tercera persona (Jesús Arias Chávez, comunicación personal, 1994); cuando la cosa adquiere niveles de denuncia entonces se habla en segunda persona: nos imaginamos ajenos a la causa, siempre víctimas. Esta es la visión maniquea (de buenos y malos), la misma que nos ha impedido reconocer las causas de la contaminación y, por ende, el proponer medidas que la controlen o la abatan de manera definitiva. La verdad es que la gran mayoría de los mexicanos y una gran cantidad de seres humanos en el mundo estamos inmersos en un modo de vida, en una cultura que es necesariamente contaminante y depredadora de recursos.[2]
El agua ejemplifica claramente lo expuesto. La zona metropolitana de la Cd. de México es incapaz de satisfacer su propia demanda de agua; para cubrirla el gobierno federal tiene que traerla hasta de 200 km a la redonda, quitándola a otras regiones, a otras gentes, a otras actividades. El traslado implica el bombeo constante por desniveles que varían en cientos de metros, con fugas que significan hasta el 45% del volumen, implica todo, inversiones y gastos altísimos y constantes.
Luego de su recepción y distribución, en los hogares, en la industria, recibe los contaminantes que le confieren la categoría de “agua negra”. Tan sólo en los retretes, por cada uso, se implica un consumo cercano a los 15 litros de agua potable, lo cual puede llevar a un consumo per cápita, de 60 litros diarios tan sólo para ese fin. Culturalmente primero, y oficialmente después, ese comportamiento es el que se juzga “correcto” o “sanitario”. Se ha cambiado así de un fecalismo al aire libre a un fecalismo al agua libre[3]. Y nadie quiere las aguas negras, pero todos los que nos vemos forzados a vivir en las zonas urbanas modernas, somos al y copartícipes en su creación. Pertenecemos a la única especie en lo general y a la única cultura la dominante) en lo particular, que se precia de ocupar agua limpia, potable para aplicarla en sus heces y con ello “limpiar” su entorno inmediato. Luego la tenemos que llevar “lejos” a costos aún más faraónicos. La ecología nos enseña que le lejos no existe.
Creada el “agua negra” surge el problema de como “librarse” de ella; lo más usual es que el “hombre civilizado” ocupe el drenaje natural para cumplir tan ingrata tarea6. Por ello donde llega “la civilización” mueren los ríos, la agricultura, la pesca. La gente de aguas arriba es despojada del líquido, la de agua abajo es la receptora obligada de desechos.
Así es explicable por qué el agua negra es cada vez más abundante y por qué el agua potable es cada vez más escasa, a pesar de estar junto a los ríos caudalosos Pánuco, Villahermosa, Coatzacoalcos, etc., etc.).
El esquema se reproduce aún con los ordenamientos ecológicos que se han implementado desde hace más de doce años por todo el territorio nacional.
Los únicos que existen como tales se ubican en las áreas protegidas, áreas donde la gente defeca al igual que los animales silvestres (aves, mamíferos y reptiles) sobre al suelo o como, con cierto terror cultural se dice, al “aire libre”. Probablemente no sea esta la mejor opción: la ciudad de México en 1519 con la población mas grande del orbe (10 veces la de Londres, la más grande en Europa), se asentaba sobre un lago limpio. Los mexicanos de entonces defecaban sobre el suelo, mezclándolo luego (tal y como lo refiere Cortés en las Cartas de Relación) evitando así la propagación de moscas y enfermedades, y fertilizando sus tierras agrícolas. Otra alternativa, en áreas urbanas, era el de la colecta en ollas de barro tapadas, mismas en las que sufrían un proceso de fermentación y luego eran recicladas a las tierras de cultivo.
Los chinos y los hindúes contemporáneos, mediante el empleo de digestores anaeróbicos, evitan las agua negras. México es líder mundial en ésta tecnología.
BASURA.
La basura, lo que entendemos por esta palabra, es otro de los aspectos que evidencia la relación “cultura” con “deterioro ambiental”.
El empaque de lo que consumimos, la llamada “presentación” suele asignarnos un status social. Así, el empaque mismo (lata, bolsas de distintos materiales, envases plásticos, de vidrio, de cartón, etc.) puede significar hasta el 60% de los precios de venta.
Despojado de su envoltura el producto cumple iguales funciones biológicas y sociales; el problema entonces radica en el qué hacer con lo que adornaba el producto. Lo que se considera moderno o civilizado es ubicarle “lejos”, en la distancia o la profundidad (cuando no se le puede convertir en humo), implicando inversiones cada vez más costosas, derrochadoras y, sobre todo, ambientalmente inútiles. Recordemos: el lejos no existe. La perdurabilidad de lo que se desecha es otra de las cuestiones que se vincula ala problemática. La basura entonces viene a ser una consecuencia, no necesariamente buscada, del modelo de desarrollo.
Si, conforme lo establece la física: “nada se crea ni se destruye, solo se transforma”, entonces las medidas que se propongan, si es que no se pudiese por presiones sociales o económicas eliminar los empaques contaminantes, deben precisamente proponer la transformación y no la destrucción. Los rellenos “sanitarios”, sólo transfieren el problema, llevan a la pérdida de recursos y dinero y crean problemas conexos cuando contaminan los mantos acuíferos.
La basura no degradable es ciertamente un problema que invade todos los ámbitos, aún los de áreas protegidas e indígenas. La reciclabilidad entonces debe partir de nuestro propio convencimiento de que la basura contemporánea está finalmente constituida por un conjunto de recursos fácilmente recuperables y económicamente rentables.
CULTURA ECONOMÍA Y RECURSOS NATURALES.
La cultura gobernante, reflejando la formación académica de sus individuos en el poder, considera, que la especialización tanto en estudios como en actividades aporta necesariamente mejores resultados. Así entonces, separar el quehacer del hombre (industria, agricultura y comercio), separa la Naturaleza, separa sus conocimientos. Luego cada actividad, cada conocimiento a su vez es dividido en especializaciones. Este enfoque, si bien garantiza un mayor conocimiento de las cosas, no garantiza que se tengan resultados prácticos superiores a otros enfoques, por no decir que implica con frecuencia la adquisición de muchos conocimientos inútiles. Lo mismo sabemos que ocurre con la medicina y otras actividades.
Lo anterior se refiere por que el manejo de los recursos naturales que se vinculan a la agricultura, se dan precisamente por separado: suelo, agua y flora, fauna; también para efectos de programación, se considera que un agricultor no puede hacer industria, ni comercio y viceversa.
Así entonces, el país y sus recursos se dividen en áreas de actividad, en usos del suelo específicos. Luego concentrándonos en la agricultura, se divide en “agricultura” restringiéndola esencialmente sólo a las plantas anuales y semiperennes que producen alimentos), “ganadería” (basada esencialmente en especies introducidas) y “actividad forestal”. Este hecho confunde y choca a los individuos y sociedades que efectivamente se vinculan con la producción, en el campo o en las zonas urbanas, por que significa trámites y trámites, tiempo y dinero.
El empleo holístico de los recursos, la actividad económica integral del hombre son entonces cosa extraña para los planificadores. Como ejemplo, “¿dentro de que categoría de uso del suelo ubican a los llamados proyectos agrosilvopastoriles, o agroforestales o ecoagrosilvopastoriles o simplemente, a la agricultura indígena que hace uso integrado del suelo, flora y fauna?”
Las consecuencias prácticas ante gobierno significan una enorme maraña burocrática. Las consecuencias prácticas sobre los recursos, son de mayor destrucción (un terreno agrícola, p.e. no puede volverse forestal si no existe una nueva autorización de uso del suelo expedida por la instancia gubernamental correspondiente).
La cosa adquiere nuevas dimensiones destructivas si a la especialización de uso del suelo se le añade la prohibición de uso de los recursos, flora, fauna nativas, (en aras de una supuesta protección ecológica) y si se promueve la actividad empleando especies exóticas (como el ganado vacuno lo es en las zonas originalmente cubiertas de bosques y selvas). Meditemos “¿por qué está en peligro de extinción lo que supuestamente está bajo protección “ecológica”, por que vacas, ovinos, gallinas y pavos no se extinguen, por más de la muerte diaria de millones de individuos de esas especies?”. Seguramente, por que la demanda económica empuja hacia arriba la oferta biológica.
En síntesis, ordenar el territorio conforme a “vocaciones” que se determinan por una cultura analítica o “especialista”, desconocedora de sus recursos y de su historia, no implica un buen futuro ni de producción, ni de conservación ecológica de los recursos.
CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES.
1a No se puede hablar de un “ordenamiento ecológico” del territorio nacional, tal y como lo pretende la actual Ley General del Equilibrio Ecológico ni las modificaciones hasta ahora sugeridas, si no se discuten primero las bases culturales que puedan conducir a un efectivo ordenamiento.
2a La gran mayoría de los impactos ambientales negativos están vinculados a la cultura, más que al crecimiento de la población o sus actividades. Las técnicas y medidas destructivas están, en todo caso, condicionadas culturalmente.
3a El desarrollo de medidas y tecnologías anticontaminantes, el ordenamiento ecológico del territorio serán factibles cuando la sociedad y el gobierno convengan en discutir esta temática.
[1] Trabajo presentado en las Jornadas de Análisis de las Propuestas de reforma de la Ley General de Equilibrio Ecológico y la Protección del Ambiente, convocadas por el Ejecutivo Federal, el Poder Legislativo, organizaciones patronales y ecologistas en el D.F. los días 10 y 11 de Abril de 1996.
[2] C. Chargoy Z. 1994. El desarrollo de México: reconsiderar mitos y dogmas. Ponencia para los Foros Regionales de Consulta Popular sobre el PND 1995-2000. Oaxtepec, D.F.; Chapingo. 15 pp Mimeografiado.
[3]Arias Chávez, Jesús y C. Chargoy Zamora. 1994. Hombres y Naturaleza: Una re-evaluación ecológica. Tzapinco. Año XVII. No. 125. Agosto. UACh. Chapingo.